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CUATRO SONETOS DE WILLIAM SHAKESPEARE

Traducción de Carlos Gardini

Soneto 23

Cual actor imperfecto que en la escena

Por temor su parte mal actúa,

O cual una fiera embravecida

Cuyo brío en su ímpetu derrocha,

Así, intimidado, olvido a veces

Del amor la perfecta ceremonia

Y en la fuerza de amor me debilito,

Del amor abrumado por la carga.

Sean pues mis libros la elocuencia,

Mundos mensajeros de mi pecho,

Suplicantes de amor y recompensa,

Más que esa lengua que mejor se expresa.

Lee lo que amor callado ha escrito,

Que es ingenio de amor oír con los ojos.

Soneto 107

Ni el alma profética del mundo

Soñando el porvenir, ni mis temores,

Pueden a mi amor fijar un plazo

Que lo encierre en destino limitado.

Su eclipse resistió la mortal luna

Y búrlase el augur de su presagio:

Lo incierto se corona de certeza,

La paz proclama eternos sus olivos.

El rocío de esta época fragante

Renueva mi amor, y aún la muerte

Es vencida por mis humildes rimas

Aunque en tribus obtusas cause estragos:

Y en ellas tendrás tu monumento

Cuando tumbas de bronce hayan caído.

Soneto 129

Derroche del espíritu en vergüenza

La lujuria es en acto, y hasta el acto

Perjura, sanguinaria, traidora,

Salvaje, extrema, cruel y ruda:

Despreciada no bien se la disfruta,

Sin mesura anhelada, y ya alcanzada,

Olvidada sin mesura, cual un cebo

Que desquicia al incauto que lo traga.

Desquicio los suspiros, los abrazos,

los gemidos del antes y el durante,

Júbilo al gozar, después penuria,

Promesa de alegría, luego un sueño.

Lo saben todos, pero nadie sabe

Cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno.

Soneto 147

Mi amor es como fiebre que delira

Por el mal que agudiza el sufrimiento,

Nutriéndose de cuanto el mal preserva

Para aplacar deseos enfermizos.

Mi razón, que en el trance de atendía,

Al ver su prescripción no respetada,

Se marchó con enfado, y desespero

Porque el deseo es muerte sin remedio.

Soy enfermo sin cura ni cordura,

Y, presa de morbosas civilizaciones,

Desvarío en palabra y pensamiento;

En vano la verdad me habla al oído,

pues juré que eras blanca y radiante,

Y negro infierno eres, noche oscura.

 

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