No sé qué presentimientos...
DICHOS DEL CREDO

Estos Dichos constan de 1.063 versos octosílabos, en los cuales
también se ha escrito el romancero, y que se considera el verso
por excelencia de nuestra poesía tradicional. Es tan apropiado para
dar un aire solemne y pausado como para expresar dinamismo y, si
es necesario, precipitación. La mayoría de los octosílabos
son del tipo trocaico y mixto. El tipo trocaico ( ooóoooóo)
empieza con dos sílabas en anacrusis y sitúa sobre la
tercera sílaba el primer tiempo marcado por lo que logra un ritmo
equilibrado y suave. El mixto ( oóooooóo) marca el acento
sobre la segunda sílaba dejando la primera en anacrusis y, con
su gran variedad, es muy apropiado para el diálogo y el relato.
Estos dos tipos de versos, muy abundantes en el texto, se adaptan
perfectamente al contenido pues ambos generales cuentan con gran lirismo
sus sentimientos y las excelencias de su religión, de sus costumbres
y de sus tropas, y dialogan entre ellos.
Pero también
Los Dichos son una disputa,
un enfrentamiento dialéctico con dos batallas, que acaban con la victoria
de uno de los dos bandos. Para estos momentos de mayor intensidad
dramática el autor utiliza el verso dactílico
(óoooooóo) que, con su principio fuerte, produce un efecto
más enérgico y rápido, logrando una sensación
de inquietud y tensión dramática.
En el primer encuentro los versos del moro son ejemplos de esta
mayor intensidad y énfasis en la lucha. Además el empleo
de oraciones exclamativas dota de mayor carga emotiva y refuerza más
la sensación de odio, rabia y desprecio hacia el enemigo.
121
¡Démos
al mundo sus ecos!
125
¡Suenen
cajas y tambores!
129
¡Brote
de los corazones!
181
¡Gracias
a Alá, mahometanos!
182
¡Sangre reclama
la tierra!
189
¡Pronto
al encuentro, centellas!
249
¡Soy la
furia recia y brava!
Como recurso lírico de gran eficacia
acude el autor a los paralelismos y a las anáforas que acentúan
el enfrentamiento. Pone de relieve la continuidad de una idea con
alguna concatenación, como la que aparece en los versos:
63 y 64
no es valor de mi
poder
que es poder de otro valor
71 y 72
siendo el temor
el valor
cuando el valor es prudente.
218 a
220
que la fama está
en la gloria,
en la gloria está la historia
y en la historia los valientes.
Tiene el segundo encuentro unos versos dactílicos
al principio de cada estrofa , con frases interrogativas y exclamativas,
para mejor expresar el inmenso dolor y sorpresa del General Cristiano,
cuyos lamentos y reflexiones ante sus soldados están cargados de
una profunda emotividad. Con interrogaciones retóricas eleva la
tensión emotiva y consigue implicar al oyente en su discurso:
323
¿Qué
es esto, soldados míos?
327
¿Dónde
camináis huyendo?
331
¿Cómo
caber tal bajeza?
335
¿Qué
dirán de nuestro honor?
343
¿Qué
estoy diciendo? ¡Ay de mí!.
Sube el tono de la discusión con unas estrofas
de rima aguda, que ya utilizaba Calderón para producir terror
y espanto, vv. 514 a 517:
¡Miserable!, tú que vas
desacatando mi fe
y que en tu intención se ve
la intención de Barrabás.
contestadas del mismo modo por el moro vv. 522 a 525 :
¿Y que me importa a mí
tu locura infernal,
ni ese Niño celestial,
ni cuántos venís aquí?
que se mantiene hasta el v. 578 en que comienza el primero una
larga y catequística exposición de los misterios de su
religión con algunas estrofas concisas, sobrias, objetivas, sin
adjetivos y con abundantes enumeraciones, vv. 601 a 604:
Para ti creé la Tierra,
el ave, el pez y el bruto,
la planta, la flor, el fruto
y cuanto el mundo en sí encierra.
Y otras de actitud intelectual con substantivos abstractos,
vv. 609 a 612:
Te doy alma, inteligencia,
la memoria y la razón,
don de palabra, expresión,
el orgullo y la obediencia.
En algunos momentos la asíndeton
y la enumeración dan mayor fuerza expresiva e
imprimen más viveza.
Cuando de nuevo crece el tono de riña entre ambos
generales aparecen las frases exclamativas, los octosílabos
dactílicos, los apóstrofes, las anáforas, alcanzándose
las mayores cotas de energía, énfasis, inquietud y expresión
dramática en los versos 740 y 741:
¡Ved la espada aquí del loco
que el Omnipotente envía!
Y la inmediata respuesta del moro:
¡Ved aquí la de Mahoma,
la de Alá y la del Sultán!.
Hasta la última estrofa de este encuentro, vv. 772
a 775 :
Moro :
¡Muera España,
mahometanos!
¡Viva la bandera mora!
Crist.:
¡Muera el África,
cristianos!
¡Viva España vencedora!.
En el tercer encuentro se alcanza
el mayor énfasis expresivo utilizando abundantes anáforas.

Las 25 redondillas comienzan con
Creo que... y van depositando
de forma insistente en la mente del oyente todas las verdades de
la religión cristiana. Mansanet Ribes en
Las Embajadas
Valencianas dice que
Valverde de Júcar (Cuenca)
acaba su ‘conversión’ recitando el Capitán
Moro un credo de excepcional belleza.
Alcanza gran fuerza y viveza con la enumeración
de adjetivos, que aumenta el ritmo trepidante, la subjetividad y la
emoción, vv. 906 a 909 :
Creo que es todopoderosa,
inmensa, libre, independiente,
inmutable, omnisciente,
justa y misericordiosa.
Para volver al tono de súplica
recurre nuevamente a las décimas comenzando la primera
con un
Pero... que se encarga de marcar muy bien el cambio
de tono. En los versos 994 a 997 con rima aguda, apóstrofe y oraciones
exclamativas el General Moro pide perdón a Dios:
¡Perdón, Dios mío, perdón...!
¡Detén tu justo furor
sobre nuestro necio error
contra Ti y tu creación!.
Le contesta el Cristiano con:
¡Gloria a Dios en las alturas
y paz en la Tierra, amén.!
A lo que siguen una serie de consejos, el ofrecimiento
de amistad y de padrinazgo de bautismo
para volverte a la
gracia.